Juan Baeza 2 de junio de 2009
315 partidos, 123 goles. Raúl Tamudo, tras diez campañas consecutivas en la primera plantilla del Espanyol, más otras dos jugando desde el filial, tiene un pie y medio fuera del conjunto blanquiazul. Posiblemente, el choque que el pasado domingo disputó contra el Málaga fue su último encuentro y la providencia quiso que hiciera su primer hat trick, justo en el día de su más que presumible adiós.
Tamudo es y será por siempre el gran símbolo de uno de los mejores Espanyol de todos los tiempos. Cuenta que de chico acudía al campo con su padre y que sufrió como nunca cuando a finales de los años 80 la gloria de la UEFA se le escapó a los pericos en una infausta tanda de penaltis ante el Bayer Leverkusen. Sin embargo, él llegó años más tarde y vivió grandes noches con el equipo de su vida. Ganó dos Copas, mojando en ambas finales, llegó y sufrió otra tanda de penaltis cruel en la final de la UEFA y se convirtió en el orgullo de una hinchada a la que cuesta tener mitos debido a lo voluble del mercado.