14 sept. 2010

Los grandes capitanes españoles, al contrario que en el pasado, tienden a retirarse fuera del club de sus amores, Tamudo, por Abc

El brazalete de capitán a veces aprieta tanto que puede llegar a cortarle la circulación a su portador. Y, en un fútbol de idas y venidas como el actual, en el que muchos besan con falsedad mediática su escudo, cada vez son menos los jugadores que terminan su carrera al amparo de la camiseta que los vio nacer. Cuando Raúl y Guti anunciaron su marcha, vino a confirmarse la tendencia. http://raul-tamudo.blogspot.com/
Algo se remueve en el fútbol español cuando se observa cómo en otros países los grandes capitanes siguen al pie del cañón hasta su último aliento futbolístico. Aquí, en cambio, tienden a acabar al pie de los caballos, ya sea por desavenencias con su directiva, porque la afición, aunque sea con la boca pequeña, les invita a tomar viento fresco, o simplemente por buscar nuevos retos. El Bernabéu ya no disfrutará con la brega de Raúl o los pases de ensueño de Guti, y lo mismo pasará en Cornellá y San Mamés, de donde han volado el periquito Raúl Tamudo y el díscolo león Fran Yeste.
Pero lo que se ha visto en este 2010 es sólo la punta de un iceberg que asomaba desde hace años. En los últimos quince años, en el Real Madrid únicamente han visto retirarse, tras toda una vida de servicio, a Manolo Sanchís, pero antes y después, al margen de Raúl, otros estandartes fueron tragados por el sumidero de exigencia del club. En 1995 fue Emilio Butragueño. Ante la irrupción de Raúl, el «Buitre» decidió hacer las maletas y marcharse al Celaya mexicano. Luego le llegaría el turno a Fernando Hierro, que se fue por la puerta de atrás, al acabársele el contrato, y acabó en Qatar y luego en el Bolton inglés.
El testigo de capitán lo ha tomado ahora Iker Casillas, a quien, no obstante, se ha puesto en duda más de una vez. La última, antes del Mundial, cuando se levantaron voces críticas contra él a raíz de aquel fallo en el amistoso ante Arabia Saudí.
Frente al Madrid, el Barcelona es, a día de hoy, el club que más cuida a los jugadores salidos de su cantera, algo de lo que pueden dar cuenta Xavi, Iniesta o Puyol. Sin embargo, también el club azulgrana cuenta con casos recientes de capitanes que se han marchado. Puyol llegó a estar en el disparadero el año pasado, cuando parecía que se le buscaba un sustituto con la contratación del ucraniano Dimitro Chygrynskiy, pero al final siguió. En 2001 el que sí hizo las maletas fue Pep Guardiola, que decidió probar suerte en el Brescia italiano.
Los motivos para irse
Las causas que menguan la longevidad de la figura del capitán español hay que buscarlas en varios ámbitos. Es cierto que en la última década ha habido jugadores que se han retirado en el club de sus amores (Fran, en el Deportivo, Cruchaga, en el Osasuna, o Etxeberría, en el Athletic) o que siguen en él (caso de Albelda, en el Valencia), pero la tendencia no se suele dar en los equipos punteros, donde la exigencia de títulos es incompatible con la pérdida de competitividad.
Lo que más choca es la dicotomía entre la idolatría de las hinchadas y el olvido que embarga a algunos cuando el capitán de marras ya no es el de sus mejores años y yerra más de lo deseado. En España ha sido largo el debate entre los «raulistas» y los «antiraulistas». Unos lo defendían a capa y espada, a pesar de que su bagaje goleador había ido menguando según llegaban fichajes como el de Ronaldo. Otros, por su parte, le negaban el honor de ser «el 7 de España», pese a tener el récord de goles con la selección, y le instaban a retirarse.
A nivel físico, el fútbol es ahora más duro que en décadas pasadas, pero no parece ése un motivo suficiente para sacar de un puntapié a un jugador de su club, porque fútbol más físico que el inglés, donde Ryan Giggs aún resiste, no lo hay. Ahora bien, el jugador veterano no siempre sabe adaptarse a un rol secundario y ejercer su liderazgo desde el vestuario o los últimos minutos de un encuentro. Ante eso, buscar nuevos retos es una salida para los deseosos de seguir haciendo lo que les gusta. El banquillo suele ser la muerte emocional para el futbolista.
Otro motivo hay que buscarlo en los roces entre jugadores y directiva. Es el caso de Raúl Tamudo, que la temporada pasada vivió un infierno en el Español. Su técnico, Mauricio Pochettino, le utilizó en muchos partidos, pero la situación estaba tan enturbiada con los regentes de la entidad blanquiazul que sólo podía terminar con la salida del catalán.
Además, también hay motivos personales que pueden facilitar la salida de un jugador. Raúl, aparte de buscar una nueva experiencia, quería marcharse a un lugar en el que sus hijos pudieran aprender inglés o alemán.

Estandartares con otra mentalidad

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